Dos pelotones de ocho fusileros cada uno, ejecutaron el año 1982 a las 6:35 de la mañana, a dos exfuncionarios de la Central Nacional de Informaciones (CNI), Gabriel Hernández Anderson y Eduardo Villanueva Márquez, en un patio del penal de Calama. La doble ejecución, duró aproximadamente ocho minutos, se puso término a uno de los hechos más escalofriantes de la historia criminal chilena.
Los fusilados eran los más altos funcionarios de la CNI de Calama cuando el 9 de marzo de 1981, se supo del robo de 45 millones de pesos en la sucursal del Banco del Estado de Chuquicamata y el simultáneo desaparecimiento del agente de esa institución, Guillermo Martinez y del cajero Sergio Yáñez.
Tras varios meses de pesquisas, el 11 de junio del mismo año, la Policía de Investigaciones estableció que el agente y el cajero no habían sido los autores del robo sino que, por el contrario, habían sido asesinados y luego dinamitados en la mitad de un desierto, a 20 kilómetros de Calama. Según la investigación, los autores del asesinato eran el jefe y el subjefe de la CNI, ampliamente conocidos en la zona.
El hilo que permitió descubrir la trama completa, fue la detención por delito menor, del taxista Francisco Díaz Meza, condenado después a cadena perpetua, por complicidad.
Durante su detención le encontraron una cantidad de dinero poco usual, lo que hizo entrar en sospechas a los detectives quienes tras identificar algunos de los billetes que llevaba, lograron que les confesara todo, produciéndose consecutivamente el total esclarecimiento del caso..